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“El trabajo es tuyo, el psicólogo solo te ofrece las herramientas”

La pandemia ha hecho que nuestro bienestar se resienta en todos los ámbitos, siendo el plano mental uno de los más afectados por las restricciones y el confinamiento que vivimos hace un año. En especial, han sido los jóvenes los que más lo han sufrido, según datos de la OMS. La Asociación de Psicólogos Americanos (APA) también recoge en otro estudio la fuerte subida en la demanda de consultas tras la pandemia.​

A pesar de que muchas personas famosas y deportistas están visibilizando la salud mental, sigue habiendo un gran estigma alrededor de este tema. Por ello, hemos querido entrevistar a Diego y Alejandro, dos jóvenes que nos cuentan su experiencia, prejuicios previos y sensaciones al acudir a terapia.

A pesar de que el concepto de la salud mental parece algo que ha llegado con el siglo XXI y los millenials, los romanos del siglo II ya popularizaron la expresión mens sana in corpore sano. Tener un estado mental correcto es tan importante como una salud física, ya que según UNICEF y su propuesta para mejorar la estabilidad mental, el conjunto de ambos estados conforma el bienestar completo del individuo. Hoy en día, y al igual que en la Roma Imperial en su momento, hay gente que se sigue tomando este tema como un juego a pesar de que lo respaldan una cantidad ingente de datos corroborados por especialistas, así que hemos preparado uno para aprender 5 datos sobre la salud mental en el mundo.

“Las familias necesitan más información y formación”

La base de una sociedad próspera y con expectativas de futuro se cimenta en una educación sólida y eficiente, preparando a los alumnos para la vida en todos los aspectos posibles. A pesar de sus esfuerzos por cubrir todos los campos existentes, la educación española sigue teniendo sus asignaturas pendientes, y una de ellas es la salud mental. Aunque de que en bachillerato existe la asignatura de psicología que está enfocada desde un prisma completamente teórico, abordando teorías conductistas y autores de hace siglos dejando poco espacio a la enseñanza de la autogestión o el conocimiento de las emociones, algo indispensable hoy en día y que muchos alumnos reclaman.

De hecho, el propio sistema educativo tiene sus detractores dentro del sistema y, aunque la gran mayoría son los alumnos, también hay profesionales que advierten de sus riesgos para la salud mental tanto de los jóvenes como de los profesores. A pesar de poner sobre aviso a las autoridades con estudios científicos, son los propios gobiernos los que deciden rehuir de este tema en vez de afrontarlo desde una perspectiva diferente.

El caso más mediático fue el de Natasha Devon, que ocupaba el puesto de Defensora de la salud mental en las escuelas en el gobierno de David Cameron. Natasha criticó las políticas educativas del gobierno, poniendo el foco en el aumento de las pruebas estandarizadas, que, por un lado aportan datos para el informe PISA, pero repercuten en el estrés y la ansiedad del profesorado y el alumnado por igual. Ante esta iniciativa el gobierno de Cameron decidió retirarla de su puesto inmediatamente, dejando claras sus prioridades en este asunto.

A pesar de que la educación en las aulas tiene un gran recorrido por delante, tampoco podemos desmerecer todo lo que lleva a sus espaldas y las diferentes modificaciones que ha ido sufriendo durante los años para mejorar su calidad. Teniendo esto en cuenta, quizá podemos invertir el punto de vista  y preguntarnos si nuestras generaciones anteriores tuvieron la educación necesaria, si es que en algún momento pudieron acceder a ella, para transmitirnos a nosotros la importancia de todos los temas relacionados con la salud mental que hoy sacamos a la palestra.

“Estás dentro de ese mundo y no en el que tienes que vivir de verdad”

Un aspecto muy interesante que mencionaba Mar en la entrevista es la necesidad de que los niños aprendan a identificar y gestionar las emociones que se encuentren en su cabeza. Como bien nos ha indicado nuestra entrevistada, a los más pequeños se les está enseñando a identificarlas, pero hay una franja de edad que no ha recibido ese tipo de educación y tendrá que lidiar con estas emociones sin tanto conocimiento sobre ellas. Una de las que más cuesta asumir es la frustración, y está todo relacionado con la cultura de la inmediatez que se está generando en los últimos años, provocada por las redes sociales.

Si nos paramos a observar a nuestro alrededor, parece que nada ha cambiado, que todo sigue igual, pero pequeños matices han hecho que nos volvamos increíblemente impacientes con nuestro entorno. El germen de este cambio fue el prescindir de los SMS porque había llegado internet al móvil, y con él las aplicaciones de mensajería instantánea. Y es eso, instantáneo, sin necesidad de esperas de ningún tipo ni complicaciones. Ya. Otro ejemplo son las aplicaciones de comida rápida, que se pelean por ver quién es la más rápida y la más eficiente para llevarte la comida a casa, porque saben que es de lo que más se valora a la hora de hacer un pedido a domicilio. Incluso el propio periodismo también ha cambiado, ya que antes se buscaba un periodismo sosegado, en el que primaba la buena redacción, mientras que con el auge de las redes sociales el enfoque ha cambiado, y se busca informar cuanto antes mejor.

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Otro aspecto por el que se comienza a creer que las redes sociales son perjudiciales para nuestra salud mental son los estudios que relacionan la depresión y la ansiedad con el uso de las redes. En investigaciones recientes hechas en Estados Unidos se ha comprobado que las personas que más tiempo pasaban con Instagram, Facebook o cualquier otra plataforma tendían más a la depresión que aquellos que lo hacían con menos asiduidad.

Esto a pesar de que es solo una correlación comienza a ser más sospechoso cuando nos damos cuenta de que el aumento de las cifras de depresión se desarrolló de manera paralela al aumento de teléfonos móviles inteligentes. Los smartphones llegaron en 2007 y cerca del año 2015 el 92% de los adolescentes ya poseía uno. Esta relación se cumple incluso en periodos anuales, donde es más complejo que coincidan las alteraciones si no están relacionadas las variables. Durante ese periodo de tiempo, las cifras mostraron que también aumentaron las solicitudes por parte de los alumnos para buscar orientación tanto en institutos como en universidades.

A pesar de que puede parecer algo lejano, que sólo le pasa a las personas con problemas previos, si hacemos una introspección la mayoría podemos vernos reflejados en algunos comportamientos descritos. La adolescente Nuria Cabrero, que acudió al psicólogo por adicción a las TIC nos cuenta su experiencia:

“Lo que para una persona es una bobada, para otra es un mundo”

Como bien venimos demostrando, las generaciones están un poco confusas en cuanto a la salud mental y las situaciones que lo rodean a pesar de que gran parte de la población ha sufrido o sufrirá algún episodio. Normalmente se pone el foco en la persona que necesita ayuda profesional, algo lógico, puesto que es el que sufre el malestar que acarrean las enfermedades. Es por esto que pocas veces nos paramos a pensar en la persona que arrima el hombro y está ahí en los momentos difíciles. Es una situación complicada porque las personas con las que se cuenta en este tipo de situaciones no son cualquiera, sino que suelen ser las personas en las que más se confía.

Su papel es muy importante, incluso más de lo que podemos imaginar. Son personas a las que se les pide consejo, se pregunta su opinión o qué harían al respecto. Estas, como toda persona que quiere lo mejor para el prójimo intenta por todos los medios darle el mejor consejo o su humilde opinión pero, durante todo este recorrido llevamos poniendo el foco en la pobreza de la formación de la sociedad respecto a este tema, lo que nos lleva a una pregunta: ¿Cómo debemos actuar cuando vemos que una persona puede necesitar ayuda psicológica? Nuria San José graduada en psicología y  subdirectora de la cárcel de Villanubla nos responde a esta cuestión:

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